Que no se apague la luz de un niño.

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El día internacional del cáncer infantil, que se conmemora el día 15 de febrero tiene como objetivo principal sensibilizar y concientizar a la ciudadanía respecto a la importancia de esta enfermedad y la necesidad que tienen los niños de acceder al diagnóstico y tratamientos adecuados y preventivos. Teniendo en cuenta que, esta enfermedad  representa la segunda causa de muertes en menores de 2 a 14 años.

Aunque el cáncer en los infantes solo representa 2.5% del total de las enfermedades tumorales, el impacto social al sistema de salud hace que se convierta en uno de los padecimientos de mayor costo en el país.

Oncólogos advierten que la mortalidad en el país se agrava debido a la suspensión de los tratamientos y aseguran que debe aumentarse la expectativa de recuperación.  Mucho más, cuando en el país existe la ley 1388 de 2010 que favorece a jóvenes y niños que sufren cáncer, la cual tiene como objetivo  disminuir la tasa de mortalidad por cáncer en los niños y personas menores de 18 años.

Los beneficiarios de la ley son los menores de 18 años a quien se le haya confirmado, a través de los estudios pertinentes, el diagnóstico de cáncer en cualquiera de sus etapas, tipos o modalidades, certificado por el Onco-hematólogo Pediátrico, debidamente acreditado para el ejercicio de su profesión, de acuerdo con la normatividad vigente y el anexo técnico.

Las cifras de menores afectados en Colombia no a cambiado mucho en los últimos años. Según informes revelados, en el país se presentan aproximadamente 2000 casos nuevos de cáncer infantil cada año.

Un factor fundamental en la recuperación de un menor con cáncer, es la detección temprana de la enfermedad. Esta atención preventiva, permite realizar un  diagnóstico que  determine los resultados y efectos secundarios a largo plazo por el tratamiento.

Algunos problemas de salud pueden ser claros síntomas de esta enfermedad maligna, y aunque los tipos de síntomas dependen del tipo de cáncer, los principales signos de alerta son:

    • Dolor no justificado en cualquier parte del cuerpo
    • Cansancio persistente
    • Pérdida de peso sin causa aparente
    • Sangrado por nariz o encías
    • Puntos rojos en la piel
    • Puntos rojos  en la piel
    • Aparición de ganglios en cuello y otros sitios
    • Aumento de volumen del abdomen
    • Dolor en los huesos y articulaciones
    • Cambios de personalidad